Me encontré con esta carta, conmovedora y fuerte, cuando veo este tipo de cosas mas ganas me dan de decirle a mi madre que cancele ese tramite de emigración para mi. [aunque no le va agustar para nada]
La guerra contra Al-Jazeera. Por Dima Tareq
(Viernes 17 octubre 2003)
Carta de Dima Tareq, esposa de Tareq Ayoub, periodista asesinado en Bagdad el 8 de abril en el ataque estadounidense contra la sede de la televisión Al-Jazeera
Cuando mi esposo decidió irse a Bagdad, él sabía que yo me iba a oponer. Me dijo que yo estaba exagerando los riesgos, que no había por qué temer, puesto que él era periodista, un testigo objetivo, por lo tanto protegido por los protocolos internacionales. Al despedirse, pidió disculpas por haber estado tan ocupado durante el último tiempo. Me prometió que, al retornar, lo iba a recompensar a nuestra hija Fatimah y a mí.
El 5 de abril, Tareq partió rumbo a las oficinas de Al-Jazeera en Bagdad. Me llamó a su llegada. El viaje era terrible me dijo. Le noté agotado, ya que solo estaba durmiendo tres horas al día, entre los turnos de trabajo. Para nosotros en casa, la vida no era mejor: casi no dormíamos y nos sentamos pegados a la tele como en una tranza, esperando a que Tareq apareciera en vivo para que supiéramos si estaba bien o no.
Por la mañana del 8 de abril, aún estaba despierta a las 6.00 AM y así vi su último reportaje en vivo, en donde describió la situación en Bagdad como de tranquilidad. Me sentí aliviada y de inmediato me acosté. Luego, tan solo una hora después, me despertaron los llantos y gritos de mi mamá. Al principio, no sabía qué era lo que había pasado. Saqué una silla y la puse frente a la tele. De repente, la casa estaba llena de gente. No pude ver o escuchar a nadie. Estaba esperando a que terminara la película. Estaba esperando a que aparezca el héroe para acabar con todo mal. Estaba esperando a que la historia de mi vida terminara con “y vivieron felices hasta el final”. No pude llorar. Sólo estaba escuchando las noticias, mirando todo el día la misma escena de cómo los estadounidenses bombardeaban la oficina de Al-Jazeera, matando a mi esposo.
Yo doy clases de traducción del inglés. Una vez, explicando sobre la traducción de terminología política, en referencia a la ONU y la declaración universal de los derechos humanos, un estudiante hizo el comentario: “¿Cómo pueden decir los estadounidenses que esto era una causa digna con una agenda humana? Todas las definiciones en el diccionario sobre la guerra tienen que ver con sangre y destrucción.” Otro estudiante añadió: “No vaya a decirnos nada de charters y misiones nobles, creemos lo que vemos.” Toda la clase le aplaudió. Yo no tenía una respuesta.
Antes, decía a mis estudiantes que la mejor manera de describir el sueño americano era la idea de “vida, libertad y la búsqueda de la felicidad”. Ahora, estoy convencida de que mis estudiantes tenían razón y que me había equivocado. Tuve que aprender a duras penas que los norteamericanos habían destruido mi vida, confiscado mi libertad, y que terminaron de una vez por todas con mi felicidad.
Los Estados Unidos bombardearon a Al-Jazeera porque estaban enojados por los reportajes que hicieron, los cuales no confirmaron la imagen unilateral de la guerra promovida por ellos. Durante los últimos cinco años, Al-Jazeera y otros canales árabes han ganado credibilidad y fama no sólo en los países árabes sino también en Occidente, logrando competir con cadenas internacionales como la BBC y la CNN. En particular, Al-Jazeera se hizo popular durante la guerra norteamericana contra Afganistán. El canal transmitió grabaciones de voz de dirigentes de Al-Qaeda y los talibanes, además de los discursos de Bush y otros dirigentes mundiales. La decisión de transmitir las opiniones de ambos lados tenía que ver con lo que dice su consigna: “la opinión y la contra-pinión.” Pero los estadounidenses no podían dejar que tal libertad de expresión triunfara. Los Estados Unidos mandaron su primera amenaza a Al-Jazeera en noviembre del 2001, al bombardear sus oficinas en Kabul, destruyendo los equipos y forzando la huída de sus periodistas. A otro periodista de al-Jazeera le mandaron a Guantánamo como prisionero de guerra.
En Bagdad, durante la guerra, la cobertura de Al-Jazeera se enfocó principalmente en el sufrimiento y dolor de la gente común y corriente, pero otra vez el gobierno de Estados Unidoslos quería que sus crímenes y atrocidades no recibieran noticia ninguna. Las dos bombas que echaron sobre las oficinas de Al-Jazeera en Bagdad son las que mataron a mi esposo. Luego, las tropas estadounidenses abrieron fuego contra el canal de televisión Abu Dhabi, cuya identidad estaba escrita en grandes letras azules en el techo de su edificio. El próximo blanco era el Hotel Palestina, la sede de los representantes mediáticos del mundo; un tanque norteamericano disparó contra ellos, matando a dos periodistas más. Así, los Estados Unidos intentaban esconder sus crímenes frente al mundo, a la vez matando a todos los testigos.
Los Estados Unidos no aceptaron su responsabilidad en los ataques, insistiendo en que los tres eran errores, y que desconocían el paradero de los periodistas que no eran “embedded” (literalmente, en cama con…) con sus propias tropas. Luego, el director de Al-Jazeera confirmó que había dado la ubicación precisa de las oficinas del canal en Bagdad, tres meses antes de que comenzara la guerra. Mi esposo y los demás fueron asesinados a plena luz del día, en lugares conocidos por el Pentágono como sitios mediáticos. Pero los EE.UU no estaban contentos con el mensaje que mandaron a Al-Jazeera (firmado con la sangre de mi esposo) así que acusaron a Al-Jazeera y otros canales árabes para desviar la información con cobertura anti-estadounidense. Pero ¿cómo se puede desviar una foto de gente muerta? Una imagen de una casa destruida no requiere de un reportero para contar su historia, así como los llantos de niños y refugiados no requieren de un intérprete.
Por favor, díganme ¿qué debo hacer con mi hija, quien apenas tiene 20 meses, cuándo comienza a llamar a su padre, buscándolo por toda la casa? ¿Qué debo hacer cuando el reloj señala las cinco, y yo sigo esperando a que entre Tareq con una sonrisa en la boca, pero nunca llega? ¿Cuando la única manera para que puedo descansar es llorando hasta que duermo? ¿Cuando veo a mi suegra vomitando cuatro veces en menos de media hora? ¿Cuando mi hija me trae sus juguetes para jugar conmigo, al igual que lo hacía con su padre, pero ni siquiera estoy en condiciones para tomarla en mis brazos? ¿Cuando mis lágrimas caen en la cara de mi hija al darle la leche, acordándome de cómo lo hacía su papá? ¿Cuando me siento arruinada y desesperada, sin ninguna esperanza en la vida?
¿Cómo debo educar a mi hija? Permítanme contestar esta última pregunta. Le voy a educar para que nunca perdone ni olvide. A nunca olvidar a su padre, y a nunca perdonar a los que le asesinaron.
Seis meses han pasado desde que mataron a Tareq, y los responsables por su muerte aún mantienen el control, afirmando la supervisión ética del mundo, glorificando sus logros militares. Los ataques contra al-Jazeera continúan por parte del Consejo de Gobierno de Iraq, designado por Estados Unidos, que acaba de amenazar al canal de que si sigue “comportándose mal”, van a suspender su permiso de trabajo en Iraq. Mientras tanto, Taysir Alouni, otro periodista de Al-Jazeera (el único reportero que transmitía en vivo desde el Kabul de los talibanes, sobreviviente de los bombardeos en Kabul y Bagdad) ha sido acusado de apoyar a Al-Qaeda y a los talibanes. Cuando fue a España para recibir su doctorado, fue detenido por las autoridades españolas, según se dice bajo órdenes de Estados Unidos. Ahora está en una cárcel de alta seguridad, esperando su juicio, a pesar de que no existen pruebas concretas en su contra.
En cuanto a mi, han pasado seis meses y no puedo encontrar nadie que me ayude a levantar una demanda legal en contra de los asesinos de mi esposo. Justo cuando pensé que tal vez iba a tener una posibilidad bajo la jurisdicción belga, las amenazas y los ultimátum de los EE.UU. lograron cambiar la ley, acabando con mis esperanzas de lograr justicia.
Cuando la Asociación Musulmana de Inglaterra me invitó para hablar en la manifestación anti-guerra en Londres durante el fin de semana pasado, al principio estaba dudando si ir o no, debido a la tremenda desesperanza que me ha acompañado últimamente. Pero cuando ví toda esa gente marchando en contra de la guerra, condenando a los responsables, mi esperanza y mi convicción en la solidaridad entre los seres humanos, en la humanidad, la justicia y la verdad, volvieron a arder en mí.
Dima Tareq
4 de octubre de 2003
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